Mejorar la concentración utilizando sonidos de fondo en niños con TDAH.

¿Podemos realizar cambios en el medio ambiente más inmediato para incrementar el rendimiento cognitivo? Bajo las circunstancias apropiadas, cierta clase de ruido puede ayudar a incrementar el rendimiento atencional de algunos niños y niñas con déficit de atención / hiperactividad (TDAH).

En esta entrada explicaremos una investigación reciente (Baijot et al. 2016) que desde un punto de vista triple, esto es, neuropsicológico, neurofisiológico y conductual aborda la cuestión. De entre esas tres perspectivas, nosotros trataremos aquí dos de ellas: la perspectiva neuropsicológica y la conductual. Remitimos a la fuente original a aquellos lectores más interesados en el fundamento neuroanatómico, que fue evaluado en esta investigación mediante Electro Encéfalo Grafía (EEG) y potenciales evocados.

Los modelos.

En la literatura científica se encuentran varios modelos teóricos que abordan de manera más o menos directa cómo puede mejorar el rendimiento cognitivo en relación con la estimulación ambiental más inmediata, aquella presente en el momento:

Teoría de la estimulación óptima: asume que por causas biológicas cada persona posee su propio nivel óptimo de arousal o activación en el que manifiesta su nivel de funcionamiento cognitivo más alto.

Desde esta teoría se plantea que los niños y niñas con TDAH padecen de un infra-arousal en virtud del cual su rendimiento es más bajo en las condiciones ambientales “normales” o habituales. Por eso, los niños con TDAH presentan inquietud motora cuando están expuestos a entornos poco estimulantes: para compensar su baja activación realizan movimientos que incrementen su nivel de energía interno. Ésta teoría ha sido corroborada por varias investigaciones en las que a una tarea cognitiva principal se le añade estimulación extra. En dichos estudios se observa que el rendimiento mejora en los niños con déficit de atención (por ejemplo, presentando música al tiempo que resuelven operaciones matemáticas).

Moderate Brain Arousal (MBA): para comprender esta teoría es necesario aludir en primer lugar al fenómeno de resonancia estocástica. El fenómeno se refiere a que bajo determinadas circunstancias, una cantidad óptima de ruido superpuesto a la señal puede ser beneficioso para el procesamiento de la información. A modo de metáfora sobre el fenómeno de resonancia estocástica, en la siguiente imagen podemos ver las consecuencias de añadir ruido moderado a una imagen del Arco del Triunfo en París. En los sucesivos pasos mejora el reconocimiento de la imagen al ir añadiendo progresivamente más ruido visual:

Arcfour2

By Jamesvoltage – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8690830

Dicho esto, el modelo MBA afirma que un nivel de ruido aleatorio en el entorno puede, a través de los sentidos, introducir ruido en el sistema neural. Y el modelo asume que este ruido agregado es capaz de compensar la actividad de fondo neural que se supone está hipotéticamente reducida en el TDAH porque su sistema dopaminérgico opera por debajo de lo esperable. El nivel de estimulación adicional para cada sujeto estará en función de la eficacia de su sistema dopaminérgico, de tal manera que las personas con bajos niveles de dopamina (como en niños aquejados de TDAH) van a necesitar más ruido para alcanzar un nivel de rendimiento cognitivo óptimo en comparación con las personas con niveles normales de dopamina (como en los niños sin TDAH).

El modelo ha sido comprobado experimentalmente utilizando tareas de memoria a largo plazo y con tareas de tipo atencional – inhibitorio.

La investigación.

Baijot y sus colaboradores reclutaron niños y niñas entre los 7 y 12 años de edad. Formaron un grupo de 13 niños con TDAH y otro de 17 niños sin TDAH ni otra alteración reseñable del neurodesarrollo.

En su investigación podemos diferenciar tres áreas metodológicas y procedimentales diferentes: la evaluación neuropsicológica, la tarea experimental conductual y la evaluación psicofisiológica. Tal y como decíamos en la presentación, veremos aquí solamente las dos primeras.

Evaluación neuropsicológica.

Se evaluó la inteligencia general, el comportamiento, la capacidad atencional y la inhibición atencional:

  • Para estimar el Coeficiente Intelectual (CI) se utilizaron dos subpruebas del test WISC – IV referidas a la comprensión verbal y otras dos subpruebas referidas al razonamiento perceptivo.
  • El comportamiento fue valorado por los padres respondiendo el cuestionario Child Behavior Cheklist (CBCL).
  • La capacidad atencional e inhibición fue evaluada empleando varias subpruebas del Test of Attentional Performance (TAP):
    • La capacidad de alerta – tónica se evaluó mediante una tarea de reacción simple. Esta versión de la prueba mide la capacidad de alerta más interna.
    • La capacidad de alerta – fásica se evaluó con una tarea de velocidad de respuesta con pre señalización auditiva. Esta versión de la prueba mide el efecto de las alertas durante las tareas atencionales.
    • La inhibición motora se evaluó mediante un test de tipo Go/Nogo.
    • La inhibición más cognitiva se evaluó mediante una tarea tipo Stroop.

Tarea experimental conductual.

Los investigadores aplicaron mediante ordenador una tarea Go/Nogo con preseñalización visual con ensayos como los que se representan en la imagen (toca para ampliar):

ensayo_ruido blanco y rendimiento cognitivo
Primero, un cuadrado negro actuaba como clave o señal de alerta para que el participante pudiese prepararse para responder.

Luego transcurría un intervalo de entre 1 y 2 segundos con la pantalla en blanco.

Inmediatamente se presentaba bien un estímulo Go (una equis “x”) durante 150 ms o bien un estímulo Nogo (un signo más “+”) durante 150 ms. El estímulo Go es aquel ante el cual el sujeto debía emitir una respuesta pulsando una tecla y el estímulo Nogo es aquel ante el cual debía permanecer quieto.

Por último se abría una ventana temporal de 2,5 segundos para que el sujeto emitiese su respuesta o bien permaneciese quieto sin tocar nada.

Al azar, 30 de los ensayos eran de tipo Go y los otros 30 de tipo Nogo. Así se agrupaban 60 ensayos para formar un bloque de ensayos. Se aplicaban 4 bloques de ensayos, dos de ellos en silencio y dos de ellos con el ruido blanco de fondo.

Para presentar el ruido blanco de fondo de 77 dB se utilizaban unos auriculares. En el siguiente audio puedes escuchar un ejemplo de ruido blanco:

 

 

Nota: si no conocías el ruido blanco tranquilo que es así. Tus altavoces no se han estropeado, ¡suena como la lluvia!

A los niños se les instruía para presionar el botón del teclado tan rápido como pudiesen durante los ensayos Go y a inhibir la respuesta en los ensayos Nogo alentándoles tanto a que fuesen rápidos como a que fuesen precisos.

Los investigadores tomaron en cuenta varios parámetros de la respuesta registrada por el ordenador. Es decir, las variables dependientes fueron:

  • Omisiones. Se refieren a la ausencia de respuesta en un ensayo Go.
  • Falsas alarmas. Las falsas alarmas podían ser de dos tipos: presionar el botón ante el estímulo Nogo y presionar el botón cuando se está presentando la señal de alerta (el cuadrado negro).

Índice NBI.

Como algo novedoso, los investigadores crearon un nuevo índice que permite clasificar a los sujetos en beneficiarios del ruido y no-beneficiarios del ruido. El índice de beneficio del ruido (NBI por sus siglas en inglés) se calcula individualmente para cada participante: al porcentaje de aciertos en los bloques con ruido se le resta el porcentaje de aciertos en los bloques sin ruido. Así, un sujeto puede ser clasificado como beneficiario del ruido cuando tiene más aciertos en la condición de ruido y un sujeto se clasifica como no-beneficiario cuando tiene más aciertos en la condición sin ruido.

Los resultados.

En la evaluación neuropsicológica, el grupo con TDAH presentó un CI normal (102) pero inferior al del grupo control (111). Las dimensiones de comportamiento evaluadas por los padres mediante el cuestionario CBCL eran iguales en ambos grupos excepto en el rasgo inatención/hiperactividad, en el que lógicamente puntuaba más alto el grupo con el diagnóstico clínico.

En la batería atencional TAP los niños del grupo TDAH rendían significativamente peor en el conjunto de índices y tareas. Tendían a ser más lentos, la variabilidad de su respuesta era mayor, aportaban menos respuestas correctas y cometían más errores. ¿Y luego dicen que el TDAH no existe? En fin…

En la tarea experimental Go/Nogo se observó que, en conjunto, los niños del grupo TDAH cometían más errores de omisión que el grupo control (con independencia de la condición experimental ruido / no ruido). También se comprobó que los niños con TDAH cometían más errores de omisión que los niños del grupo control pero únicamente en la condición sin ruido. Veamos la gráfica:

Cuando no se utiliza ruido los niños del grupo TDAH comenten más errores de omisión que el grupo control. Pero con ruido la cosa cambia: mientras los niños del grupo TDAH parecen beneficiarse del ruido con menos omisiones, los del grupo control empeoran ligeramente su rendimiento y así, en estas circunstancias el rendimiento de ambos grupos se asemeja más.

A parte de las omisiones, los niños con TDAH eran significativamente más lentos en sus respuestas acertadas y con tiempos de respuesta más variables. Además cometían más errores de falsa alarma pulsando el botón mientras estaba presente el cuadrado negro de preaviso.

Gracias al índice NBI se pudieron encontrar varios resultados interesantes. Se obtuvieron correlaciones estadísticamente significativas entre el valor del índice NBI y varias de las pruebas neuropsicológicas atencionales aplicadas. Cuanto más se beneficia un sujeto del ruido, menor es su puntuación en las pruebas de alerta tónica, alerta fásica e inhibición tipo Stroop.

Por último, la característica beneficiario del ruido estaba significativamente más presente en el grupo de TDAH que en el grupo control.

 

 

En conjunto los resultados apoyan las teorías de la estimulación óptima y MBA. Los sujetos TDAH se ven beneficiados en su capacidad atencional cuando se presenta el ruido. Pero eso sí, de entre todos los parámetros atencionales evaluados sólo es el número de omisiones el que disminuye. Es decir, el efecto beneficioso del ruido blanco no se generaliza a todas las funciones atencionales sino que específicamente modula la capacidad de vigilancia. Es como si al incrementar la activación gracias al ruido el niño fuese más capaz de estar pendiente y saltarse menos estímulos ante los que debe responder.

Últimos comentarios.

La investigación tiene dos limitaciones importantes como es el número reducido de sujetos en la muestra, algo reconocido por los autores, y que la capacidad intelectual fuese diferente en ambos grupos, algo sobre lo cual pasan de puntillas en su artículo a pesar de ser una variable contaminadora en potencia.

A partir del trasfondo de los resultados y del índice NBI podemos intuir que, aunque estos resultados comparan el beneficio del ruido entre grupos (TDAH – control), lo más importante podría ser el efecto único que el ruido tiene en cada sujeto. Es decir, en este experimento dentro del mismo grupo de TDAH había niños que se beneficiaban del ruido y niños que no y lo mismo pasaba con el grupo control. Por eso, parece adecuado acudir a las investigaciones de grupo para encontrar tendencias y valorar el efecto individual de cada caso cuando trabajemos con los pacientes.

Descargo de responsabilidad: Éste artículo es para propósitos informativos solamente y no debe ser utilizado como un sustituto para el consejo de un experto en salud mental. Asimismo, los artículos de investigación deben ser valorados y revisados con juicio crítico. Se requieren más investigaciones rigurosas para llegar a conclusiones robustas.

Referencias:

  • Baijot, S., Slama, H., Söderlund, G., Dan, B., Deltenre, P., Colin, C., & Deconinck, N. (2016). Neuropsychological and neurophysiological benefits from white noise in children with and without ADHD. Behavioral and Brain Functions : BBF, 12(1), 11. http://doi.org/10.1186/s12993-016-0095-y
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