El orden de aplicación de los test neuropsicológicos repercute significativamente en los resultados obtenidos.

Traigo hoy una entrada dedicada especialmente a los compañeros/as neuropsicólogos.

Los que nos dedicamos a este apasionante campo sabemos que la evaluación neuropsicológica se encuentra a caballo entre el rigor científico – psicométrico y el noble talento que requiere el Arte.

Hay multitud de factores que pueden repercutir en el rendimiento de un paciente concreto con una prueba en particular, con un estímulo en particular, en un instante preciso.

Los autores de la investigación que remito en esta entrada emplearon dos test diferentes:

  • California Vernal Learning Test II (CVLT – II, para los amigos); una prueba de aprendizaje verbal de listas de palabras, diseñada para evaluar el constructo al que llamamos memoria verbal.
  • Delis – Kaplan Executive Functioning System Verbal Fluency Subtest (D-KEFS); un conjunto de sub – pruebas diseñadas para evaluar la fluidez verbal en tanto que constructo perteneciente a las funciones ejecutivas.

Los científicos seleccionaron estos dos test porque los ítems (palabras) aprendidos en la prueba de memoria verbal podrían servir a los sujetos como respuestas válidas en la tarea de fluidez verbal.

Como el lector avezado ya sospechará, los investigadores emplearon dos condiciones experimentales, dividiendo su muestra de 28 participantes en dos grupos, según el orden de aplicación de los test:

  • Grupo A:  1º CVLT   –   2º D/KEFS.
  • Grupo B:  1º D/KEFS   –   2º CVLT.

De manera obvia y en consonancia con la hipótesis, los sujetos que comenzaban con la prueba de memoria verbal empleaban más palabras de la lista aprendida como respuestas emitidas en las tareas de fluidez verbal.

Además, y esto sí es sorprendente, su rendimiento general en la tarea de funciones ejecutivas, tanto en las puntuaciones directas como en las típicas, era significativamente superior al del otro grupo con orden diferente de aplicación. ¡Emitían más respuestas en la prueba de fluidez verbal!

Por ello, el neuropsicólogo consciente de la relevancia de su trabajo ha de estar muy atento a la secuencia de aplicación de las pruebas que, aunque se describan en sus respectivos manuales como pertenecientes a funciones cognitivas distintas (memoria verbal vs. funciones ejecutivas en el ejemplo), pueden compartir un mismo sustrato común de operaciones mentales (procesamiento verbal en el ejemplo), hasta el punto que se alteren los resultados esperables en condiciones “normalizadas”.

Cabe la esperanza de que futuras investigaciones arrojen luz sobre el orden de aplicación más favorable para las baterías neuropsicológicas.

O bien, que los neuropsicólogos aprovechemos estas y otras circunstancias como una herramienta de trabajo útil para la formulación de hipótesis diagnósticas de nuestros casos clínicos. Vale la pena preguntarse una y otra vez: “¿Qué procesos cognitivos demanda esta tarea?” y “¿Qué procesos cognitivos habrá reclutado esta persona para emitir esta respuesta, tanto cuando acierta como cuando yerra?”

Referencias:

 
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